La caja de música

Trepé
quién sabe sobre qué clase de hechizos.

Contraje cada músculo
sin saber cuál era el adecuado.

Entrecerré los ojos
para afinar la vista.

No notaba la piel
ni la sed
ni el cansancio.

Sólo escuchaba el eco
de los cantos de todos
en la pequeña cajita de música
cuya bóveda se alza a más altura
que cualquier catedral.

Y estaba bien el sacrificio

porque yo
sin vosotros
no soy nadie.

Marian Quintillá

Publicado en el número 95-96 de la Revista de Literatura ALGA 2026

Ilustración efectuada con IA